Violencia Verbal: Palabras que hieren

Violencia Verbal: Palabras que hieren

May 29, 2019 Educación by admin

El abuso verbal no deja huellas físicas, pero las huellas psicológicas son muy profundas. Una frase, dicha en un momento en el cual somos especialmente vulnerables, puede quedarse impresa con fuego en nuestra mente, activándose una y otra vez. Las palabras tienen un poder increíble. Pueden calmarnos y empoderarnos, pero también pueden derrumbarnos y herirnos.

No podemos obviar que la convivencia genera conflictos que muchas veces nos dejan con las emociones a flor de piel. Hasta cierto punto los conflictos son positivos ya que representan oportunidades para el cambio. Pero cuando la pelea sube de tono y las palabras se vuelven ofensivas, se produce una situación de violencia verbal. Y “la violencia, sea cual sea la forma en que se manifieste, siempre es un fracaso”, en palabras de Jean Paul Sartre.

¿Qué es la violencia verbal?
En ocasiones, en medio de una discusión acalorada, las emociones afloran y la rabia o la frustración pueden hacer que digamos cosas hirientes. Es comprensible que, en algunas circunstancias perdamos la compostura, pero si se convierte en la norma, estamos ante una situación de maltrato verbal.

La violencia verbal es una forma de comunicación destructiva en la que una persona daña a otra. Se trata de un patrón comunicativo sostenido a lo largo del tiempo en el que, de manera más o menos intencional, se ejerce un maltrato verbal continuo que afecta la autoestima de la víctima provocando emociones desagradables y generando dudas sobre su valía como persona.

¿Cuál es la diferencia entre el abuso verbal y una discusión acalorada?

No es fácil distinguir una discusión acalorada del maltrato verbal. De hecho, muchas personas ni siquiera son plenamente conscientes de que están siendo víctimas de una situación de abuso verbal. A menudo las víctimas le restan importancia a lo que ocurre o intentan justificar el comportamiento del otro pensando cosas como “realmente no quiso decir eso”.

Hay que tener claro que si en una discusión acalorada una de las personas insulta, humilla y/o culpabiliza al otro, se está produciendo una agresión verbal. No obstante, una situación puntual no implica que se haya establecido una dinámica de abuso verbal en la relación. Esto se produce cuando existe un patrón recurrente; es decir, cuando se usan continuamente los gritos, insultos, amenazas y humillaciones para someter al otro.

7 señales de maltrato verbal: Más allá de los gritos e insultos
1.Insultos y gritos

Los insultos y gritos son la expresión más evidente del maltrato verbal. En este caso, la persona alza continuamente la voz para intentar imponerse y no duda en recurrir a los insultos y ofensas para intentar controlarte infundiendo temor. Como apuntó el escritor John Frederick Boyes: “la violencia en la voz es a menudo la muerte de la razón en la garganta”.

  1. Humillación y críticas destructivas

Existe un tipo de abuso verbal más sutil pero muy dañino: la humillación y las críticas destructivas. En este caso, la persona no recurre a los gritos sino al sarcasmo, la vergüenza, los gestos desdeñosos y la degradación para ejercer el control. Puede recurrir a bromas que te hagan sentir mal o usar palabras y gestos que te menosprecien y/o te hagan sentir incompetente.

  1. Acusaciones y culpabilización

En algunos casos, el maltrato verbal se reviste de manipulación. La persona te responsabilizará por todo lo malo que sucede, despojándose de su cuota de responsabilidad para hacerte sentir sentir mal. Esa persona no dudará en acusarte y culparte, achacándote siempre malas intenciones o una incompetencia total.

  1. Trivializar

Este tipo de abuso verbal es más sutil y difícil de detectar ya que consiste en restar importancia a tus opiniones y sentimientos, hasta el punto de hacerte sentir que eres completamente insignificante. Esa persona no muestra empatía, minimizando continuamente tus problemas e incluso negándose a abordarlos.

  1. Amenazas

Además de las típicas amenazas a través de las cuales una persona intenta controlar tu comportamiento, también existen amenazas que recurren a un tipo de chantaje emocional. Uno de los ejemplos más extremos es: “Si me dejas, me/te mato”, pero existen muchas otras formas de amenazas y extorsiones en todo tipo de relaciones.

  1. Cosificación

En este caso, no suelen mediar insultos ni gritos, la persona simplemente se limita a tratarte como si fueras un objeto, lo cual significa que no te presta atención ni satisface tus necesidades emocionales. Esa persona te ignora sistemáticamente, haciendo como si no existieras.

  1. Bloqueo del diálogo

Solemos identificar la agresión verbal con los gritos e insultos, pero el silencio también puede blandirse como un arma para causar profundas heridas. No hablarle a una persona, con el objetivo de hacerla sentir mal, impidiendo el diálogo que pueda solucionar los conflictos que existen en la relación, es una forma de violencia verbal.

Las consecuencias de la violencia verbal afectan tu cerebro y salud
El hecho de que nos griten, humillen o ignoren nuestras necesidades afectivas con frecuencia termina cambiando nuestra mente, el cerebro e incluso nuestro cuerpo. Cuando se desencadena una respuesta de miedo repetidamente debido a un entorno hostil, como uno marcado por los gritos o la frialdad emocional, se producen reacciones físicas y emocionales automáticas que pueden causar un trauma psicológico. De hecho, no es inusual que quienes han sido víctimas del maltrato verbal durante años terminen sufriendo cuadros de depresión o ansiedad.

Además, la violencia verbal aumenta la actividad de la amígdala, de manera que esta se vuelve más reactiva y nos mantiene en un estado de excitación nerviosa constante. También incrementa la producción de hormonas del estrés y genera tensión muscular, lo cual significa que tendrá repercusiones negativas sobre nuestra salud a medio y largo plazo, desencadenando enfermedades que tienen un componente psicosomático.

El maltrato verbal también termina cambiando lo que pensamos y cómo nos sentimos respecto a nosotros mismos. Esto se debe a que las conexiones neuronales que se establecen en nuestro cerebro dependen en gran medida de nuestras experiencias. Y si esas experiencias están marcadas por el abuso verbal, es difícil escapar de ellas. En otras palabras: si alguien nos hace sentir que no valemos nada, es probable que terminemos creyéndolo.

Las investigaciones sobre el apego y la maternidad confirman lo que todos sabemos intuitivamente: como seres humanos, nos sentimos mejor cuando somos amados y estamos seguros, lo cual significa, entre otras cosas, recibir un trato respetuoso.

¿Cómo detener el maltrato verbal?
Si estás siendo víctima de agresiones verbales, es importante que le pongas coto. Detener la violencia verbal es un acto de autodefensa y amor propio porque a la larga esa situación terminará dañando profundamente tu autoestima y se cobrará una factura muy elevada en tu salud.

Establece límites, líneas rojas que la otra persona no debe soprepasar. Déjale claro que no estás dispuesto a soportar ciertos comportamientos.

Dado que algunas personas no son plenamente conscientes del impacto de sus palabras, un buen punto de partida consiste en hacerle notar cuánto te dañan sus palabras y actitudes. De esta manera lograrás que salga de su postura egocéntrica y se ponga en tu lugar.

También puedes brindarle ayuda para encontrar una solución juntos. El abuso verbal puede ser la expresión del agotamiento psicológico, de la incapacidad para adoptar un estilo relacional más asertivo o incluso del miedo. Al fin y al cabo, como dijo el psicólogo Marshall Rosenberg: “Toda violencia es el resultado de personas engañándose para creer que su dolor es provocado por otra gente, pensando por tanto que merecen ser castigadas”. Lo importante es que esa persona reconozca que necesita ayuda para lidiar con los conflictos y las relaciones de manera más constructiva y enriquecedora.

Como último recurso, si estas estrategias no funcionan, porque no siempre está en nuestras manos cambiar al otro, siempre nos queda la opción de alejarnos de esa persona que nos está haciendo daño.

Tomado de https://rinconpsicologia.com

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